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Domingo Faustino Sarmiento, figura controversial de la historia argentina, fue sin dudas la persona que más ha hecho por la educación. Una educación, cuyo sistema sigue relegandolo al olvido como a tantos otros de su época.

El padre de la educación argentina, sostenía que todos los problemas son problemas de educación.

En una síntesis, a mi jucio, realmente formidable, resumía la importancia cabal del rol de los educadores dentro de la sociedad.

Porque no hay manera alguna de pensar las relaciones humanas sin considerar cuál parte de la transmisión de saberes las atraviesa.

Para todas las ramas del saber y del arte, existe la educación. La capacidad de transmitir conocimientos.

Infinitos debates abren estos planteos: ¿Qué debemos enseñar? ¿Para qué sirve la educación? ¿Qué rol cumple el Estado? ¿Es correcto que el Estado tenga el monopolio de la transmisión de saberes?

Como están dadas las cosas en Argentina, es imposible pensar en un sistema educativo ajeno a la realidad que nos atraviesa.

Los resultados económicos, las políticas de largo plazo, los debates axiológicos, los problemas sociales, incluso el arte, la interpretación de texto, la capacidad lógico matemática, son en gran medida el producto de la educación argentina, monopolizada innegablemente por el Estado.

En las últimas semanas han sido noticias las tomas de colegios de la Ciudad de Buenos Aires, ante una aparente desatención e indiferencia de reclamos estudiantiles.

Dichos reclamos veían con inconformidad las viandas que le daban en el Colegio, reclamando unas mejores ofertas gastronómicas dentro de las instituciones educativas.
Un reclamo completamente disparatado que no es producto de un gobierno, ni de una política puntual ni de un partido político, sino de una cultura completamente equivocada que tiene valores distopicos y relativistas, que constantemente echa responsabilidades en terceros y rara vez reconoce tu responsabilidad individual.

Una sociedad con una mayoría apremiante realmente confundida.

La Argentina tiene una parte de la sociedad fuera de foco. Con valores inauditos, con reclamos insólitos, con concepciones de moral y de justicia realmente inentendibles, que son producto de casi un siglo de políticas educativas irracionales.

Así como los gobiernos populistas terminaron siendo víctimas de sus propias medidas en reiteradas oportunidades, como una paradoja del destino, el mismo sistema educativo termina siendo víctima de sus propios errores.

Estas tomas de colegios, completamente infundadas, sin ningún sentido, ni reclamo justo, son el resultado de políticas que constantemente tratan de victimizar a una parte de la sociedad con fines políticos.

Afortunadamente, pese a la existencia de un alto número de personas que sigue creyendo en soluciones mágicas a los problemas que el país tiene hace un siglo, hay un gran número de jóvenes que se está dando cuenta de la importancia de conservar la racionalidad en el manejo de la cosa pública.

Este péndulo que atravesamos desde hace tiempo, no termina de definirse. La oposición no es oposición, porque consensúan en materias perjudiciales para la gente que trabaja.

Juegan al poder, dicen que van a ponerle frenos en el Congreso, pero todos votan a favor del aumento de las sdietas, mientras que relegan constantemente a la educación.

Todos los problemas, siguen siendo problemas de educación. Y así lo será siempre.

Debemos comenzar a tomar la educación, y dejar de tomar las escuelas.
El socialismo ya ha causado demasiados estragos.

Por: Julián Larrivey

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