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“La mejor sabiduría que existe es conocerse así mismo”, Galileo Galilei (1564-1642).

Conocer es descubrir, es información que puede cambiarnos la vida. Conocerse no es más que la habilidad de ser fiel a tu personalidad. Es descubrir desde “lo brillante hasta lo oscuro” de nuestro ser, nuestros aspectos positivos como negativos. Diariamente nos descubrimos, pero no le prestamos atención a tal cualidad. Si nos hacemos conscientes de este hecho mejoraremos drásticamente.

Pero para ello existen varias herramientas. La primera es el FODA, Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas.

Las Fortalezas son las capacidades, habilidades y aptitudes con las que contamos para superar desafíos presentes en pos de un objetivo. Preguntas como: ¿Cuáles son mis cualidades? ¿En qué me destaco? ¿Qué elogian de mi tanto mis familiares como amigos y conocidos? son realmente importantes.

Llamamos Oportunidades a los factores positivos y favorables que aparecen en nuestro entorno sin depender de nosotros y cuya utilidad es inmensa; Sin embargo, necesitamos una serie de pasos para aprovecharlas. Un nuevo trabajo, un nuevo curso, conocer nuevas personas, comenzar un nuevo deporte son claros ejemplos.

Las Debilidades son nuestras propias características que dificultan el logro de objetivos. Ejercitarlas es realmente útil debido a que las podemos transformar en fortalezas. Para hallarlas debemos plantearnos ¿Cuáles son mis características más desfavorables? ¿Qué me falta? ¿Qué necesito mejorar? ¿Cuáles de mis propios aspectos me son un obstáculo? ¿Qué me critican mis familiares y amigos? Analizar esta parte nos hará más humildes, debido al simple hecho de ver lo mucho que debemos mejorar. Con trabajo y constancia, todo se logra.

Por último, las Amenazas son los factores negativos desfavorables y riesgosos que aparecen en nuestro entorno sin depender de nosotros y resultan una traba hacia nuestros objetivos. Para evitarlas debemos formular una estrategia. A simple vista decimos que son jodidas, pero si las miramos con determinación son las oportunidades con diferente nombre. Toda amenaza es una oportunidad disfrazada. ¿Te echaron del trabajo?, oportunidad para emprender. ¿Te resulta difícil la carrera o perdiste el interés?, oportunidad por ir por lo que realmente te gusta. ¿Perdiste un amigo por algo que hiciste mal? Oportunidad para cambiar tu forma de pensar y actuar.

Al comprender tu FODA, debemos aplicarlo a través del IKIGAI, o “la razón por la que te levantas todas las mañanas”. Es una matriz de propósito que vincula tanto lo que amamos y necesitamos, como en lo que somos buenos y en lo que nos pueden pagar. Por medio de esta matriz detectamos 4 partes, la Pasión, la Misión, la Vocación y la Profesión. La Pasión es lo que amamos y en lo que somos buenos. La Misión es lo que amamos de lo que el mundo necesita. La Vocación es lo que nos pueden pagar por lo que el mundo necesita. Y la Profesión nos es más que lo que nos pagarían por nuestras habilidades. Pero para detectarlos debemos preguntarnos ¿Qué hago bien? ¿Qué me gusta? ¿Qué hago bien y me gusta? ¿Qué me gusta de lo que el mundo necesita? ¿Qué problema podría resolver del mundo y recibir dinero de ello? ¿Qué habilidades poseo por la que me podrían pagar?; Estas simples preguntas nos construirán METAS, es decir, objetivos a alcanzar. Pero para lograrlas debemos tener en cuenta nuestra situación actual y construir nuestro plan de acción junto con su mapa de ruta. Nuestro presente y FODA serían la situación actual de la que partimos; El plan de acción es el camino que une nuestro presente con el logro de la meta propuesta, y el mapa de ruta son los distintos pasos a seguir, las acciones a llevar a cabo a lo largo del camino.

Día a día surgen muchas decisiones a tomar, con distintas dificultades. Esto supone una amenaza si nos equivocamos. Para ello existe la Toma Reflexiva de Decisiones, una estrategia para no equivocarnos o fallar lo menos posible. Es una serie de 6 pasos a realizar. Primero debemos definir la o las decisiones a tomar. Segundo, debemos hacer una lluvia de ideas de las distintas consecuencias. Tercero, evaluar las posibles soluciones. Cuarto, elegir la mejor según necesidades y recursos. Quinta, hacer un plan para lograr la meta o intentarlo y actuar en consecuencia. Por último, revisar y reflexionar sobre los resultados.

Estas 3 nuevas herramientas nos permitirán estar semana tras semana más cerca de aquello a lo que aspiramos. Son realmente efectivas, no hay margen de error, porque equivocarse forma parte del plan. El que no se equivoca no aprende; y el que no aprende no cambia. Descubrirnos es educación. Debemos saber y definir quiénes somos y quiénes queremos ser, para luego ser esa persona con los demás, con el entorno. Como leí una vez, “un campeón fue una vez una persona que fracasaba a diario, pero que nunca se dio por vencido”.

Por: Lucio Anzelin

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