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Cultura y Sociedad

Mike Wazowski y la lógica de que la felicidad consigue mejores resultados. ¿Y si nos convertimos en “Monsters, Arg.”?

En Argentina solemos preocuparnos porque, supuestamente, “la gente no quiere trabajar”. Se sostiene que hay un gran número de desempleados que no trabajan por el mal acostumbramiento que ellos tienen a causa de que reciben planes sociales, es decir, dinero sin trabajar.

Esta lógica de “los vagos panza para arriba”, sin trabajar y ganando dinero del Estado no puede ser generalizada. En gran medida, esta percepción no es del todo cierta, puesto que este dinero, denominado “plan social” en realidad es un “complemento social”. ¿Por qué decido llamarlo complemento social? Porque, en casi todos los casos (aquí tampoco vamos a generalizar) las personas que reciben algún tipo de complemento en su ingreso, trabajan. Estos “vagos panza para arriba” existen, claro que sí. Pero no sólo existen vagos recibiendo planes, también los hay en las empresas y en el Estado.

Ahora bien, ¿por qué afirmo que estos “vagos” no son tales? Porque, si bien no todos los habitantes del país tienen empleo, (casi) todos trabajan. Y es aquí donde el sistema tiene un gran error; se tiene en cuenta la tasa de desempleados, pero sin diferenciar dos conceptos importantes para este análisis: trabajo y empleo.

No es lo mismo una persona desempleada a una persona que trabaja, pero no tiene empleo. En este tipo de personas, la economía popular, es donde reside el mayor problema en el mundo laboral. Esto es causado ya que los millones de personas que trabajan, pero no tienen empleo, no tienen un ingreso básico asegurado a pesar de su trabajo, por lo que necesitan este complemento social a su ingreso para poder subsistir y no caer bajo la línea de la indigencia.

Según el INDEC, en los últimos 3 años la tasa de desempleo bajó un 1,8% y la actividad económica creció 6,8%. A pesar de eso, el salario real disminuyó un 5,6%, mientras que el salario no registrado un ¡19,3%! Entonces, hay más trabajo y se produce más, pero los salarios se siguen deteriorando. Un dato que podría hacernos dar cuenta de por qué sucede esto es el siguiente: en ese mismo lapso de tiempo, las ganancias empresariales subieron un 3,4% y la remuneración al trabajo asalariado bajó un 2,1%. Al mismo tiempo, los políticos aumentaron considerablemente sus ganancias desde el 2020 hasta ahora, mientras que, durante la pandemia, una gran parte de la población perdió su empleo o los propietarios de las PyMES debieron cerrarlas.

Dicho esto, se puede refutar el argumento de que quienes reciben planes sociales no lo hacen sin trabajar, sino que, al no tener empleo ni un sueldo mínimo asegurado, necesitan un ingreso que complemente el suyo. Entonces se preguntarán, ¿por qué no consiguen un empleo formal donde tengan un ingreso básico asegurado? Aquí es donde entra lo que podemos relacionar con la lógica del trabajo que Mike Wazowski nos muestra en Monsters, Inc.

En la película, los monstruos producían su energía en base a que asustaban a los niños, hasta que Mike descubre que, haciéndolos reír, podían producir más energía. Esto es cambiar el sufrimiento por la felicidad. Y si bien parece imposible relacionarlo con nuestro país, podemos observar que, en muchos casos, el ingreso que una persona puede ganar cobrando un plan social, es casi el mismo que un sueldo en algunas empresas del país. Existe una lógica que nos hace creer que estas personas no quieren trabajar porque reciben un plan social, y prefieren quedarse cómodos en sus casas. Lo que no se tiene en cuenta es que estas personas, como mencionamos anteriormente, trabajan, aunque no tienen empleo.

Es por ese motivo que resulta equivocada la lógica de que, por culpa del plan, la persona no quiere trabajar. ¿Quién querría hacerlo para cobrar un sueldo por debajo de la línea de indigencia, en muchos casos trabajando hacinado cerca de 10 horas al día? Nadie.

Por lo tanto, a día de hoy es descabellado pensar en eliminar por completo los planes sociales, y la idea de cambiarlos por trabajo genuino tampoco es acertada, puesto que la mayoría de los beneficiarios de planes sociales trabajan, pero no tienen un empleo que les asegure un mínimo de ingresos mensuales. Entonces… ¿qué se debe hacer?

Muchos vaticinan con un Salario Básico Universal (SBU), que podría ser una opción. De todas formas, actualmente esto no se aplica en ningún país del mundo de manera sostenida, pero sí hay algunos países con gran intervención estatal donde la capacidad de contratar trabajadores es muy grande, la mayoría de la población del país tiene trabajo y a su vez, los impuestos representan más del 40% del PIB. Así es, estamos hablando de los países nórdicos, como Noruega y Dinamarca.

Argentina necesita urgentemente una reforma laboral, que facilite la contratación de trabajadores a las empresas, siendo estos bien remunerados por su trabajo. Esto, por ejemplo, sucede en Noruega o Dinamarca, donde los impuestos, a pesar de ser altos, están dirigidos a la creación de empleo y la inversión, siendo los impuestos en estas áreas increíblemente bajos, para que todos los habitantes tengan trabajo. A su vez, tienen el IVA más alto del mundo, donde recaudan la gran mayoría de sus ingresos. Es decir, el sistema impositivo nórdico no atenta contra el trabajo, lo que genera que el hecho de tener altos impuestos en el consumo no sea un problema para la sociedad.

En fin, no todas las personas pueden ser felices trabajando (¿a quién no le gustaría disfrutar todo el día en casa sin responsabilidades?), pero deberíamos cambiar la lógica del trabajo sufrido con un sueldo con el que no podríamos mantenernos, por una en la que al trabajador se le remunere su trabajo con un salario que no lo lleve a estar bajo la línea de pobreza. Esto, sin dudas, nos llevaría a producir más, a que todos los habitantes puedan tener acceso a una vivienda, a educarse y alimentarse de manera óptima, lo que a su vez generaría un beneficio para el país, con trabajadores más creativos, capacitados, innovadores y que puedan adaptarse al vertiginoso cambio en el mundo laboral del siglo XXI.

¿Y si seguimos los pasos de Wazowski y nos convertimos en Monsters, Arg.?

Por: Tomás Ingoglia