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Una ilusión que persiste desde hace años, se mantiene tras la pandemia.

En nuestro país, hace más de 20 años que existe una paradoja: los padres de los alumnos desconfían del sistema educativo. Creen que la educación es floja e insuficiente pero, al mismo tiempo, aseguran que las enseñanzas que reciben sus hijos dentro de las instituciones son buenas.

En 2022 se lanzó una encuesta desarrollada por el movimiento “Observatorio Argentinos por la Educación”, en la cual se ratifican las opiniones de las familias sobre la educación de sus hijos.

Según los datos de la encuesta, el 90% de las madres considera que la educación de sus hijos es “buena” o “muy buena”. Sin embargo, solo el 52% tiene una valoración positiva de la educación en general en la Argentina.                                                                                                  Entre los principales problemas que se identificaron durante la encuesta se encuentran: la falta de recursos y materiales en las escuelas (51%), seguido por la falta de compromiso de las familias (48%), la formación de los docentes (44%) y los aprendizajes (42%).

Luego de los resultados, la coautora del estudio resaltó:

“La percepción se mantiene porque las familias buscan una salida individual ante los avatares educativos y consideran que la escuela por la que optan los preserva. En parte es el reconocimiento de la fragmentación de un sistema educativo en el que se cree que puede haber refugio en algunas instituciones que estarían al margen de la situación educativa global”

Antes de realizarse la encuesta, se llegó a creer que las respuestas iban a ser totalmente opuestas a las que se recibieron ya que, después de 2 años de pandemia en los cuales hubo cierre de escuelas, cambios en los regímenes para la acreditación de año y una educación virtual mal gestionada, se pensó que la paradoja iba a disminuir; pero estos datos hablan por sí solos: la pandemia ha quedado atrás como si fuera un tema aparte y las visiones no presentan cambios respecto de las tendencias identificadas anteriormente.

También se aclaró que no hay explicaciones claras al respecto del “¿Por qué?” y “¿Cómo?” se construye este problema o, adecuándonos al título, esta percepción paradojal.

Si bien como escritor me veo en la obligación de buscar una forma de traer o encontrar una solución y/o respuesta ante estos problemas, en este caso, ante los datos recientes e inconstantes, nos encontramos en la misma situación de preguntarnos: ¿Por qué y cómo sigue existiendo este problema?

Para cerrar el artículo, lo que sí puedo aclarar es que los padres son las víctimas de la ilusión educativa al pensar que sus hijos se salvan de la tragedia educativa actual al asistir todos los días a la escuela, creyendo que la solución está allí y que en ese lugar ocurre el aprendizaje, cuando en realidad el deterioro del sistema educativo hace que esta llamada “paradoja” empeore y siga creciendo.

Por: Maximo Torrens

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