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Incertidumbre, desesperación, miedo, ansiedad… Eso fue lo que sintió la gente que se encontraba dentro del estadio de Gimnasia y Esgrima de La Plata mientras una batalla campal se armaba en el exterior del estadio.

El pasado jueves 6 de octubre, en el estadio del Lobo, la tragedia se hizo paso y se desató, dejando como consecuencia un hombre de 50 años fallecido. El mismo ocurrió a las afueras, donde un grupo de hinchas furiosos, con el deseo de entrar a las tribunas, se amontonaron y comenzaron a golpear uno de los portones que une al estadio con el exterior. Este accionar conllevó a la Policía Provincial de Buenos Aires a reaccionar, lanzando gases lacrimógenos que luego se infiltrarían al interior del estadio, lo que encendió el incendio.

La gente, al verse sofocada y con el partido ya suspendido, decidió aventarse hacia la cancha en busca de aire un poco más fresco. En ese panorama, podíamos ver niños con el trapo en la mano buscando un poco de aire con el cual llenar sus pequeños pulmones y, entre otras cosas, señores de tercera edad, asustados, temiendo por sus vidas, rogando que no les pase lo mismo que a César Regueiro, un simple hombre de 50 años con la vida por delante que solo fue a alentar a su equipo favorito, pero que terminó falleciendo debido a un paro-cardiorrespiratorio.

Un simple análisis es suficiente para poder identificar los problemas (que no son pocos) dentro de esta cultura no solo relacionada con el fútbol. Partamos de la base del problema, las sobreventas de entradas, algo sistemático que se ve presente desde hace años, la razón por la cual mucha gente no pudo ingresar al partido, aun teniendo su entrada.

Por otro lado, más allá de ser necesario un reclamo intensivo, la manera de accionar no fue en absoluto la correcta por parte de la hinchada de Gimnasia, quienes, en conjunto con la policía, fueron los autores del disturbio.

Finalmente, como es común en esta sociedad, la “mea culpa” brilla en su ausencia y nos deja el tan conocido escenario, donde todos se pasan la pelota al respecto de quién es el culpable, como por ejemplo Sergio Berni, quien ante lo sucedido, acotó: “No me hago responsable”.

¿Dónde está el problema? El problema no solo está en las raíces, está en la estructura de un sistema lleno de corrupción, lleno de violencia, que nos lleva a ver el estado más primitivo del hombre, el hombre con traje en busca de llenarse los bolsillos, y el hombre que busca una distracción de su vida entreteniéndose viendo un partido, ahí está el problema; cambiémoslo.

Por: Ulises Llover

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