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Hay una frase muy recurrente entre argentinos referida a que si nos ausentamos una semana del país probablemente las cosas hayan cambiado, pero si nos salteamos diez años notaremos que todo sigue igual; nos encontramos envueltos en una irregularidad regularizada. El cimiento clave para la organización de un país es la institucionalidad, algo que en nuestro caso se halla en una constante fragilidad.

La renuncia de Guzman desencadenó una encerrona financiera que se suma a una larga lista de contratiempos a los que debe enfrentarse el gobierno de Alberto Fernandez. Batakis fue quien tomó las riendas del Ministerio de Economía con el afán de contener la crisis económica, sin embargo, las primeras declaraciones dejan en evidencia que las posibilidades de mejoras son ínfimas. Como si se tratase de una escena de “El Dia de la Marmota”, seguimos apostando por recetas que ya han dejado al desnudo lo incontrastable de las mismas, pero que aún así los gobiernos peronistas han reformulado y rediseñado para venderlas como innovadoras. El boom de esta temporada refiere a cercenar ciertos derechos individuales para producir medidas restrictivas que ajusten la economía. “El derecho a viajar colisiona con el derecho a la generación de puestos de trabajo” fue la frase de la flamante ministra para justificar el cepo al dólar. Nuevamente caemos en polvorientas medidas que ya han sido aplicadas completamente en vano y sin ningún resultado favorable. El cono espiralado hacia la decadencia en el que se encuentra nuestro país tiene una única salida que, paradójicamente, es tan obvia que pareciera impracticable; hago referencia a leer la historia, analizar los datos económicos que arrojaron las últimas décadas y tomar medidas diferentes a las que se vienen postulando, en resumen, romper esas irregularidades establecidas.

En todos los artículos de mi autoría recalco lo fundamental de tener instituciones sólidas y eficientes para el funcionamiento estable de la nación, este no será la excepción. El Estado eficiente es aquel que se encarga de cuestiones básicas y que permite a los ciudadanos desarrollar su actividad económica personal en completo estado de libertad, muy diferente a la concepción de “Estado presente” impuesta por la gestión de turno en la que no solo se persigue a los emprendedores y se los ahoga con impuestos, sino que también burdamente esta “presencia” tropieza una y otra vez desde lo institucional generando un panorama financiero insostenible.

Se debe desnaturalizar el estado de irregularidad constante para poder escapar, de una vez por todas, de esta decadencia interminable en la que caemos continuamente.

Por: Francisco Garavaglia

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