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Hace un par de semanas fuimos testigos de cómo el centro de la ciudad de San Nicolás se vio inundada por basura y un olor hediendo. Los motivos por los cuales sucedió esto no van a ser profundizados en este artículo (lo mismo ya se hizo aquí: https://www.megaforo.ar/en-un-fallo-inedito-ordenan-la-detencion-de-un-concejal-por-el-fdt/), pero si es de vital importancia preguntarnos e informarnos sobre el tema de la recolección de basura, tema tan fundamental para nuestro día a día, pero que muy poco sabemos del mismo.

Desde temprana edad se nos enseña la palabra “basura”, y que la misma debe ser desechada a una bolsa y/o tacho. Su significado puede variar, pero todos vamos a estar de acuerdo en decir que “basura” es sinónimo de cosas que ya no sirven, no nos sirven, no nos interesan, no nos gustan, etc. Pero, ¿Por qué se está escribiendo “basura” y no basura (sin las comillas)? La diferencia radica en que entendemos por basura.

¿Qué algo no nos sirva significa que en verdad no sirve y que tenga que pasar a ser basura? Si bien plásticos, cartones, desodorantes, vidrios, etc., dejan de tener uso una vez que son utilizados, la realidad es que los mismos no tienen una sola vida útil, y ahí es donde entra el reciclaje, pero también donde entran un grupo de personas ampliamente invisibilizado, y muchas veces denostados: los recolectores urbanos.

Como lo muestra la foto elegida para ilustrar esta nota, los mismos pasan con sus vehículos (por lo general motos) a buscar los materiales reciclados en los hogares particulares, edificios residenciales, negocios y empresas, y en gran medida, la calle y los canastos de basura, donde comparten espacio con otro tipo de residuos orgánicos (muchos de los mismos, como residuos de frutas y verduras, también utilizables como abono para la tierra), que contaminan y dañan la posibilidad de reciclaje de, por ejemplo, los cartones.

En lo personal creo que darme cuenta de que hacer algo mínimo, como reciclar cartones donde había arroz, o los cartones de los rollos de cocina y papel higiénico, los plásticos donde estaban los fideos o las galletitas, folletos viejos, desodorantes vacíos, entre tantas otras cosas que podría nombras, puedan formar parte del sustento de otra persona, de un trabajador de la economía popular, es algo que me genera admiración por ellos. Que un trabajo contribuya al cuidado del ambiente es algo fundamental para un mundo del mañana más sustentable.

Es de menester importancia que en nuestro país, y en todo el mundo, los distintos gobiernos locales, los provinciales, y el gobierno nacional, incentiven este tipo de trabajos que reducen la generación de basura (y que inclusive se ahorran dividendos al no generar nuevos envases), y que paulatinamente vayan terminando con la concepción de que únicamente todos los residuos deben ser enterrados masivamente en la tierra y que las mismas terminen quedando completamente inutilizadas.

Nuestro bienestar colectivo está íntimamente ligado a que particularmente aprendamos nuevos métodos sustentables, y que las empresas que producen los productos que consumimos dejen de lado su “greenwashing” (hacerse pasar como empresas que les preocupa lo ambiental haciendo diversas campañas publicitarias mostrando que se ocupan sobre el tema, cuando en realidad el dinero que destinan para realizar acciones sustentables es marginal con respecto al margen de rentabilidad que tienen, por ejemplo, grandes empresas multinacionales -que por lo general son las más consumidas por el público masivo, y que también son las más desechas por este mismo público, como gaseosas, dulces, comida rápida, etc- mostrando que tienen envases retornables o productos con envoltorios hechos de plásticos/papeles/cartones reciclados, y la realidad es que la línea de productos que poseen estos materiales es bajísimo).

¿Estamos listos para aportar nuestro granito de arena, empezar por casa, y adquirir nuevas prácticas sustentables? Los grandes cambios empiezan por pequeños cambios de hábitos, si estamos dispuestos a tomarlos, y posteriormente exigirle a quienes nos venden esos productos que también tomen un compromiso, quizás, y solo quizás, podamos apostar por un futuro y ambientes mejores. Un futuro sin un ambiente sano no es un futuro en el que podamos vivir con calidad. Que el futuro huela mal o que huela bien depende de nosotros. Nuevamente, les pregunto, pero esta vez de manera más acortada: ¿Estamos listos? Espero por nuestro bien que sí.

Por: Matias Russo

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